"Las mujeres se tejen a sí mismas"

Celeste Valero: “Las mujeres se tejen a sí mismas”

Celeste Valero es cuarta generación de tejedores. Con apenas 26 años, lidera el proyecto Textiles Andinos que hoy agrupa a 100 artesanos. La idea original era conectar a las comunidades jujeñas con el gobierno de la provincia para darle espacio y valor a un trabajo milenario.

¿Qué fue lo que te impulsó a crear Textiles Andinos?
Notaba que había mucha sabiduría y pasión por el telar, pero no existía ningún tipo de organización. Pensé en mis padres, mi mamá es una referente del telar de cintura y mi papá del telar de pedales y sus ponchos jujeños. Contábamos con esos conocimientos, pero había que crear cierta estructura para que nuestras técnicas milenarias pudieran crecer y no quedar en el olvido. Durante tres años abrimos las puertas de nuestra casa todos los días, y mientras mi mamá capacitaba en la técnica del telar de cintura y el tejido en dos y cinco agujas, yo me dedicaba a buscar personas que estuvieran interesadas en retomar el oficio. En 2016 surge Qenqo, un grupo de 10 artesanas que son madres y viudas que necesitaban una fuente de ingreso. Cedimos el espacio para la venta y los talleres; también desarrollé una página web para que el proyecto se hiciera visible. Todo esto se hizo sin cobrar nada, con el fin de brindarles herramientas de trabajo a esas mujeres. Acercarles estos saberes fue una forma de empoderarlas y de darle valor a su trabajo.

¿Cómo fue el proceso de agrupar a diferentes comunidades?
Textiles Andinos hoy agrupa aproximadamente a 100 artesanos de diferentes comunidades de Jujuy, En 2018 me llamaron para capacitar otras comunidades, porque hombres y mujeres estaban abandonando el arte textil para dedicarse a otros rubros, como la hotelería y la gastronomía. Después, también a los más jóvenes, que aunque mostraron cierta resistencia al principio -porque este tipo de tejido demanda mucha paciencia y conexión con la tierra, algo que se contrapone al ritmo de hoy día- sin embargo se sintieron atraídos porque lo que vieron como una oportunidad laboral. Estuve en siete comunidades capacitando a más de 200 personas y buscando fondos para conseguir desde telares hasta fibras textiles para que pudieran trabajar. Al principio iba con mis papás, pero después me animé a ir sola.

¿Qué sentís cuando estás en contacto con los hilos y la fibra de llama?
Necesito tocarla, sentir como vibra para saber qué voy a hacer con eso, olerla, acercármela a la piel… Todo eso me conecta con la llama, que es un dador maravilloso al que le agradezco porque nos ha servido de fuente durante tantos años. Siento mucha admiración por el animal y su entorno y, sobre todo, mucho agradecimiento y respeto. Estoy convencida de que las mujeres se tejen a sí mismas por tantas cosas que le ponen a ese tejido: sus sentimientos, su historia. Cada prenda representa directamente a ese artesano. Por eso es tan importante que se respete esto cuando la pieza se vende, porque esas personas transmiten quién lo hizo, con qué técnicas y en qué lugar. No se trata de un simple producto. Estas piezas tienen un valor emocional, y las hacemos colectivamente. Entre todos nos ayudamos, compartimos tintes, nos enseñamos un punto… Todo eso nos hermana y nos enseñan a ser más amables.

¿Qué te gustaría que pase con la artesanía latinoamericana?
Me gustaría que esos mundos paralelos, el de la moda y el de las comunidades artesanales, no sólo se muestren como una foto para el mundo sino que reflejen lo que se genera entre los diseñadores y artesanos. Quiero creer que se puede crear un vínculo donde el interés sea genuino; quiero que no tengamos que caer en el regateo, que es desvalorizar nuestro trabajo. Hacer una ruana lleva 170 horas, por ejemplo, porque el trabajo artesanal no se produce en serie. A su vez, aspiro a que los artesanos nos abramos al conocimiento de los diseñadores. Me gusta que todos juntos formemos una gran red.

Twist

Punto y aparte
-¿Tu lugar favorito en Argentina? Jujuy. Puntualmente, un manantial en la localidad de Casabindo ubicada al límite con Bolivia.
-¿Un lugarcito para comer? Pachamanka, en la ciudad de Humahuaca.
-¿Qué comida le recomendarías probar a quienes visitan Jujuy?- Api de maíz morado con pastel de queso. El api es una bebida cremosa de sabor dulce y combinada con el pastel salado es riquísimo.
-¿Un hotel para hospedarse? Solar del Trópico: está en medio de la naturaleza en Huacalera, Jujuy.
-¿Tu artesanía argentina favorita? El poncho.
-¿Un destino favorito en Latinoamérica? Me encantaría conocer México.
-¿Una feria en la cual te gustaría enseñar tus cosas? En La Rural, Buenos Aires.
-¿Tus materiales y técnicas preferidas? El telar de peine.
-¿Una persona latinoamericana que te inspire? Elvira Espejo Ayca. Es una artista plástica, tejedora y narradora de la tradición boliviana.
-¿Qué es el diseño artesanal en pocas palabras? Es la conexión con uno mismo, con la tierra y con las personas. Es como los hilos mismos, nos entrelaza.
-Un mensaje que quieras transmitir de por qué es tan importante preservar nuestras técnicas ancestrales…
Preservar nuestras técnicas ancestrales significa no dejar morir el conocimiento y la actividad colectiva; es conectarnos con lo que hacemos y entender por qué lo hacemos. Es volver a hablar sobre el valor de la comunidad y la red que logramos construir.

Por Gaby Ratner

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